No podemos saber cuál es la realidad
(y lo digo literalmente, no estoy filosofando)
En esta entrada voy a tratar el que considero uno de los mayores problemas que tenemos en las sociedades actuales. Se trata de una terrible y triste paradoja: en la era de Internet, de las autopistas de la información, del Big Data, de la Big Tech, de la IA y del acceso fácil a toda la información que ha recopilado la humanidad a través de toda su historia por medio de un móvil, pues resulta imposible saber cuál es la verdad de lo que está pasando. Y lo curioso es que vamos por el mundo todo ufanos como si la supiéramos.
El problema es el siguiente. En otros tiempos, tanto hace miles de años como incluso hace sólo cientos, nuestro mundo era la tribu o el pueblo. Nos conocíamos todos. Si alguien era un abusón o un antisocial, todos veíamos lo que hacía; y si no lo veíamos, lo veía otro miembro de la tribu y por medio del cotilleo esa información social circulaba y era compartida. Nos conocíamos todos. El margen de error existía pero era muy pequeño.
¿Que ocurre ahora? Ahora ocurre que no tenemos acceso a la realidad directamente. No tenemos acceso directo a la información. Dependemos de intermediarios. Por poner un ejemplo, recientemente hemos vivido la llamada guerra de los 12 días entre Israel/EEUU por un lado e Irán por el otro. Nos han dicho que EEUU ha bombardeado unas instalaciones iraníes donde se enriquecía uranio para fabricar la bomba atómica. Pero algunas informaciones dicen que los daños son mínimos, que el uranio no estaba ya allí y parece que no se ha detectado radioactividad en la zona y muchas otras cosas. He visto tomas de satélite de los supuestos bombardeos y sus efectos…pero, ¿puedo yo comprobar directamente todo eso? Pues no, dependo de lo que dicen los actores principales (EEUU, Iran, Israel…) que lógicamente tienen un conflicto de intereses y controlan esa información.
Vale, pero tenemos el periodismo, ¿no? Pues no. Hace mucho que el periodismo es la voz de su amo, del que le paga. No existe un periodismo independiente ni un periodismo de investigación. Hace mucho que el periodismo ya no es el llamado cuarto poder que controla o interpela al poder. Hace mucho que ya es sólo un portavoz de las narraciones que ese poder nos quiere transmitir.
De acuerdo, pero los periodistas ahora somos nosotros ¿no? Eso es por lo menos lo que dice Elon Musk: cualquiera puede ahora mismo con un móvil grabar un suceso y darlo a conocer en todo el mundo. Pues lo siento, pero tampoco. Ahora mismo no nos podemos creer absolutamente nada que veamos en una pantalla. Se manipula todo, aparecen portadas de periódicos que no existen, fotos falsas y manipuladas, videos que se dicen de un suceso y son de otro de hace varios años, y para colmo tenemos la irrupción de la IA con un nivel de calidad que hace imposible diferenciar un video creado por IA de un video real.
Bueno, concedamos hasta aquí, pero claro que tenemos una forma de saber la realidad: están los buenos que nos dicen la verdad y están los malos y conspiranoicos que sólo cuentan mentiras y desinformación, los anti-vacunas, los pro-rusos y esa mala gente. Con alejarnos de ellos y seguir a los buenos, arreglado. ¿Y quienes son los buenos? Pues lógicamente los gobiernos que velan por nuestro bien y los fact-checkers y la prensa profesional. Siento decepcionaros pero los gobiernos son los mayores transmisores de desinformación y si no lo son, desde luego están muy alto en la lista. Os voy a hablar primero de EEUU porque somos muy sensibles a que nos toquen a nuestra tribu y si me refiero a ejemplos locales alguien se puede sentir ofendido, pero algo tendré que decir para apoyar que aquí ocurre lo mismo. En EEUU tenemos la tribu de Trump del que no hace falta que me esfuerce mucho para convenceros de que miente y desinforma. Va a decir cada día lo que le venga bien y un día Zelenski es un dictador porque no ha convocado elecciones, y al día siguiente es una víctima al que hay que ayudar, por ejemplo. Un día existen los archivos Epstein y los va a publicar y otro día no existen y son un invento demócrata.
Concedido lo de Trump, pero los demócratas no son así, los demócratas no mienten. Falso, de nuevo. Tenemos lo del ordenador de Hunter Biden que fue ocultado y tachado de conspiranoia para no dañar a Joe Biden en su campaña electoral; tenemos la salud cognitiva y mental de Biden que era estupenda pero no lo era; tenemos los acuerdos del gobierno de Biden con la Big Tech para censurar y desinformar (los archivos de Twitter, declaraciones de Zuckerberg); ahora está saliendo -veremos qué recorrido tiene- que el Russia hoax, la creencia de que Trump ganó en 2016 por injerencia rusa, fue creado por Obama y su administración aún a sabiendas de que eso no era cierto según sus propios servicios de inteligencia. Etc, etc.
Sólo un apunte sobre nuestro país. Recientemente hemos visto cómo periódicos y televisiones de las supuestamente serias han transmitido bulos como que algún miembro de la UCO quería poner una bomba lapa al presidente del gobierno y varios ministros se lanzaron a divulgarlos y cosas así. Sobre las mentiras (o cambios de opinión) del presidente de gobierno os remito a la hemeroteca donde se puede comprobar cómo un día dice una cosa y otro la contraria. Debería decir algo también acerca de la Unión Europea y sus dirigentes pero os dejo a vosotros mismos opinar sobre si es desinformación o no que Rusia nos va a atacar en 5 años y que hay que gastar 800.000 millones de euros urgentemente.
Bueno, éste es el panorama. ¿Y por qué es importante todo esto? Dos problemas. Primero un problema relativamente menor y luego uno que creo que es demoledor. A un servidor le ocurre -y no sé si a vosotros también- que pierde una ingente cantidad de tiempo intentando averiguar la realidad de lo que está ocurriendo. Consulto fuentes de un lado, fuentes de otro, argumentos de uno, del otro…, no creo a ninguno pero intento sacar la media -por así decir-, el mínimo común denominador y hacerme así por lo menos una idea de lo que ocurre. Resultado: varias horas invertidas en esa tarea al día y ninguna seguridad acerca de nada. Todo ese tiempo, tanto vosotros como yo, lo podríamos dedicar a otras cosas más importantes como pasear, aprender a tocar la guitarra o leer un buen libro.
Pero hay un problema mucho más gordo: ¿Qué valor tiene una democracia donde los ciudadanos no tienen ni pajolera idea de lo que ocurre? ¿Qué valor tiene el voto de una ciudadanía engañada y manipulada? ¿Podemos seguir llamando realmente democracia a un sistema así? Ahí lo dejo, que cada uno le dé la respuesta que crea conveniente. A mí toda esta situación me produce mucha rabia, decepción y tristeza. Todavía creo que dentro de muchos años igual podremos saber qué fue lo que está ocurriendo ahora. Pero también en esto estoy perdiendo la esperanza. Ya hemos empezado a reescribir el pasado y, al ritmo que vamos, nos dirán lo que convenga decir en ese hipotético futuro: que siempre estuvimos en guerra con Eurasia o que Eurasia siempre fue nuestro amigo.


Interesante lo que planteas, aunque me parece una visión algo idealista. El progreso nunca ha sido sinónimo de claridad absoluta ni de soluciones inmediatas. Lo que tenemos es más capacidad, pero también más complejidad.
No estamos peor, estamos en una nueva etapa. Antes el problema era la falta de información, ahora es el exceso. Y ese exceso viene con ruido, manipulación, incluso IA… pero también con posibilidades que antes ni soñábamos.
La clave ya no es tener más datos, sino saber filtrarlos. Y ahí es donde todavía estamos verdes. Lo que viene —o debería venir— no es más información, sino mejores sistemas de verificación. Tal vez IA que trabaje en favor de la verdad, como versiones ampliadas de los community notes, o herramientas descentralizadas de validación colectiva.
No es utopía, es evolución. Y como todo proceso evolutivo, es lento, incómodo y necesario.
https://miguelbustamante.substack.com/p/entre-volcanes-y-libertad?r=4yh7zx
Qué profundas implicaciones conlleva tu acertado análisis; psicológicamente, el ser humano no está preparado para asimilar tal incertidumbre. Creo que es un cambio de paradigma tan importante que nos llevará a territorios desconocidos, aunque desgraciadamente, creo que serán más distópicos que utópicos.