Nunca hemos sido woke
¿Quiénes son los capitalistas simbólicos?
Esta entrada es un comentario o reseña del libro We Have Never Been Woke, de Musa Al-Gharbi. Es un libro sobre el tema del wokismo realmente interesante y distinto. Así como la mayoría de los libros que he leído sobre el wokismo (o Justicia Social Crítica) trataban los orígenes de esta ideología (remontándola al posmodernismo, a la Teoría Crítica, a la lucha por los derechos civiles, al declive de la religión tradicional de la que es un sustituto, etc.), lo que Musa estudia aquí es a las personas que tienen esta ideología, a los que el llama capitalistas simbólicos (yo igual los llamo woke a veces por abreviar). El libro no va sobre el wokismo sino sobre los capitalistas simbólicos.
Musa Al-Gharbi
Y el retrato que nos pinta de estos capitalistas simbólicos no es nada favorecedor, yo diría que es demoledor. Muy resumido, Musa plantea que los capitalistas simbólicos (que son élite) utilizan la justicia social como un instrumento para su propio beneficio, para avanzar sus propios intereses, destapando la hipocresía detrás de este movimiento. Y choca mucho que un libro tan crítico esté siendo en principio bien recibido por los capitalistas simbólicos y esté teniendo tanto éxito (merecido desde mi punto de vista). Para entender esto conviene quizás empezar hablando un poco de quién es Musa Al-Gharbi.
Musa Al-Gharbi proviene de una familia de militares de varias generaciones de una pequeña ciudad de Arizona. Ahora es musulmán (no viene de familia musulmana) pero en su momento se planteó ser sacerdote católico pero luego entró en una crisis existencial y digamos que estuvo buscando su camino mucho tiempo. Su padre es afroamericano y su madre y su padrastro son blancos pero él se identifica como negro y como musulmán. Antes de ir a estudiar a la universidad de Columbia en Nueva York estudió en una universidad pública de su ciudad (community college) a la vez que trabajaba vendiendo zapatos. Cuando acudió a una universidad de la Ivy League, como es la de Columbia (para estudiar sociología fundamentalmente), era mucho mayor que el resto de los estudiantes, una década por lo menos. Todo esto es importante por dos razones. Por un lado, Musa sabe cómo es la vida real. No es un hijo de papá al que le pagan la universidad y nunca ha tenido que trabajar para buscarse la vida. Creo que esa visión que tiene desde fuera, de haber sido vendedor de zapatos y luego un intelectual que gana mucho dinero le da una perspectiva para entender a los capitalistas simbólicos que otros académicos no han tenido.
La segunda razón es que ser negro y musulmán le otorga también muchos puntos en esta cultura del victimismo en la que viven en EEUU o, como él dice, le otorga mucho capital totémico, del que ahora hablaremos. Quiero decir que al pertenecer a minorías étnicas y religiosas que han sido marginadas históricamente, según el discurso woke, tiene la acreditación requerida para hablar sobre estos temas y que se le respete (además la cadena Fox intentó cancelarlo). En una entrevista que le he escuchado dice claramente que si él no fuera negro ni musulmán no le habrían publicado este libro, un hombre blanco cis-hetero no habría podido escribirlo. Merece la pena decir que Musa se considera, como académico que es, un capitalista simbólico.
Los capitalistas simbólicos
Hecha esta pequeña biografía del autor vamos a ver algunas de las ideas clave del libro siempre de una manera muy resumida porque es un libro muy denso y de más de 300 páginas que no es fácil sintetizar, aunque lo recomiendo sin ninguna duda. Lo primero que tenemos que definir es quiénes son los capitalistas simbólicos. Aquí va una definición rápida:
“Los capitalistas simbólicos son profesionales que trafican en símbolos y retórica, imágenes y narrativas, datos y análisis, ideas y abstracción (en oposición a los trabajadores dedicados a formas manuales de trabajo vinculadas a bienes y servicios físicos). Por ejemplo, las personas que trabajan en campos como la educación, la ciencia, la tecnología, las finanzas, los medios de comunicación, el derecho, la consultoría, la administración y las políticas públicas son, de manera abrumadora, capitalistas simbólicos. Si estás leyendo este libro, hay muchas probabilidades de que tú seas un capitalista simbólico. Yo mismo lo soy.”
El concepto de capitalista simbólico no es de Musa sino de Pierre Bourdieu que es el gran soporte teórico de Musa, el propio Musa reconoce que sin Bourdieu no habría desarrollado su teoría central. Nos dice Musa:
“En su libro de 1979 Distinción, Bourdieu introdujo la idea del capital simbólico. A diferencia de los recursos más tradicionales asociados a la riqueza, los bienes materiales, etc., Bourdieu definió el capital simbólico como los recursos de los que dispone una persona en función del honor, el prestigio, la celebridad, la consagración y el reconocimiento. Estos aspectos simbólicos de la vida social están íntimamente ligados al poder y a la riqueza, o a las necesidades y aspiraciones materiales y políticas. Según Bourdieu, los papeles que se asignan a las personas en función de su capital simbólico (o de su carencia) pueden ser en realidad más importantes que las fuerzas económicas convencionales a la hora de determinar cómo se organiza el poder dentro de una sociedad. Y, independientemente de cómo surjan las desigualdades, es fundamentalmente a través del capital simbólico como estas se legitiman y se mantienen.”
En su formulación inicial, Bourdieu destacó tres formas de capital simbólico: el cultural, el académico y el político.
“El capital político incluye la confianza, la buena voluntad, las relaciones y la autoridad institucional que pueden utilizarse para movilizar a otros al servicio de objetivos concretos. El título formal de una persona dentro de la jerarquía de una organización, su credibilidad, fiabilidad, eficacia, experiencia y virtud percibidas: todos estos son recursos a los que se puede recurrir para convencer a otros de que se unan a alguien, confíen en su visión, sigan su plan y persigan sus prioridades.
El capital académico, por su parte, consiste en conseguir que otros se sometan al
juicio de uno basándose en conocimientos especiales, intelecto, habilidades o experiencia. El capital académico se deriva principalmente de las credenciales, los títulos, la formación formal y demás. Las personas suelen demostrar su capital académico llamando la atención sobre sus conocimientos teóricos (por ejemplo, mencionando nombres de académicos o textos académicos o utilizando conceptos académicos en sus comunicaciones), apelando a la autoridad epistémica («Tengo un doctorado en x» o «Como experto en y...») o evocando su asociación con instituciones o profesiones vinculadas al conocimiento académico (por ejemplo, profesor, investigador, analista, especialista, médico, abogado, consultor o periodista).
Por último, el capital cultural consiste en mostrarse interesante, guay, sofisticado, carismático, encantador, etc. Las personas revelan su capital cultural a través de su forma de hablar, su porte, su vestimenta, sus modales, sus gustos y las opiniones que expresan, todo lo cual proporciona pistas importantes sobre su nivel de educación, su origen socioeconómico, sus alineamientos ideológicos y políticos, su lugar de origen, etc. De estas tres formas principales de capital simbólico, el capital cultural es el menos accesible para quienes no pertenecen a la élite. Como subrayó Bourdieu, solo aquellos que están «alejados de la necesidad» suelen tener el lujo de cultivar las «disposiciones duraderas de la mente y el cuerpo» asociadas con un estatus elevado.”
Según Musa, estas élites trafican en símbolos, ideas, datos, narrativas (no en bienes físicos) y usan el discurso “woke” o de justicia social como forma de capital cultural/simbólico para distinguirse, ganar estatus y legitimar su dominio. Aunque se presentan como progresistas y aliados de los marginados, reproducen desigualdades (hipocresía que Bourdieu llamaría “violencia simbólica”).
Capital Totémico
Aparte de estos capitales que acabo de resumir, es importante comentar el concepto de capital totémico. Es una forma de capital simbólico que es más exclusiva de las sociedades del victimismo occidentales actuales:
“En términos sociológicos, un tótem es un símbolo sagrado que representa a un pueblo; marca una esencia a la que están unidos de forma única; conecta su pasado con el presente; vincula el destino de los portadores del tótem y les confiere unas propiedades sociales distintivas. Si entendemos que etiquetas como «negro», «LGBTQ», «discapacitado», «mujer», etc., como si tuvieran una función similar a la de los tótems en la cultura contemporánea de victimismo, entonces podemos definir el «capital totémico» como la autoridad epistémica y moral que se le otorga a un individuo por llevar uno o más de estos tótems, es decir, por su pertenencia declarada o percibida a un grupo históricamente marginado o desfavorecido».
«Las personas pertenecientes a poblaciones que han sido perseguidas, explotadas, oprimidas o excluidas suelen ser consideradas poseedoras de conocimientos o perspectivas especiales a los que otros no tienen acceso»…«En relación con estas percepciones de mayor perspicacia, honestidad y autenticidad, se considera que los portadores de tótems son moralmente superiores a los demás. Muchos sostienen que colocar a personas de grupos históricamente marginados y desfavorecidos en puestos de poder hará que las instituciones sean más éticas. Se considera que las personas de grupos históricamente marginados y desfavorecidos son más dignas de poder, y se presume que son más juiciosas y benéficas en la forma en que ejercen el poder. Resumiendo la mentalidad que prevalece en muchos espacios capitalistas simbólicos, Richard Rorty argumentó: «La izquierda cultural tiene una visión de Estados Unidos en la que... los miembros de grupos anteriormente victimizados... han adquirido de alguna manera más visión de futuro e imaginación que los egoístas suburbanos. Se espera que estas personas anteriormente oprimidas y ahora poderosas sean tan angelicales como los hombres blancos heterosexuales eran diabólicos».
«Las élites culturales intentan explotar estas suposiciones mediante el cultivo y el gasto de capital totémico. Las personas intentan aprovechar el capital totémico haciendo afirmaciones que comienzan con frases como «Como [insertar aquí la identificación totémica], pienso/siento/deseo...», con la expectativa implícita de que sus pensamientos, sentimientos o deseos personales tendrán más peso del que tendrían de otro modo, en virtud de su afiliación a un grupo históricamente marginado o desfavorecido» (un ejemplo: alguien empieza a hablar diciendo: “como persona trans, pienso…”). En resumen, es una forma de prestigio o estatus (conferido por pertenecer a un grupo históricamente marginado) pero se puede traducir en ventajas materiales concretas:
«Dicho esto, poseer capital totémico puede ayudar, y a menudo ayuda, a los capitalistas simbólicos a obtener acceso a beneficios materiales directos, que suelen proporcionar instituciones estatales, corporativas o sin ánimo de lucro deseosas de rectificar simbólicamente los agravios históricos cometidos contra diversos grupos, otorgando honores y beneficios a los portadores de tótems contemporáneos. Esto puede adoptar la forma de oportunidades especiales de financiación (becas, ayudas, subvenciones que están explícita o implícitamente restringidas a los portadores de tótems); iniciativas especiales de contratación, promoción o tutoría reservadas para los portadores de tótems; preferencias en la publicación (es decir, en igualdad de condiciones, dar preferencia a las becas, el periodismo, los editoriales u otras contribuciones sobre diversos temas de personas que provienen de grupos particulares, especialmente con respecto a cuestiones codificadas discursivamente como destacadas para esos grupos); y más allá».
Como hemos comentado, Musa es consciente del capital totémico totémico que atesora y lo ha usado parar publicar el libro.
Los Cuatro Grandes Despertares y su origen
Musa en su estudio sobre el wokismo y los capitalistas simbólicos considera que han existido cuatro Grandes Despertares (Great Awokenings en inglés):
Primer Gran Despertar: años 1920 (y principios de los 1930, con la Gran Depresión).
El más intenso de todos según el autor. Surge en la era del boom universitario y la expansión de profesiones simbólicas (periodismo, academia, ONGs, etc.). Época de gran activismo moral, progresismo cultural, eugenesia “progresista”, prohibición del alcohol, movimientos por la paz y primeros grandes debates sobre diversidad/inclusión en la élite. Se asocia con el surgimiento del “New Deal” y cambios culturales previos a la II Guerra Mundial.
Segundo Gran Despertar: años 1960–principios de 1970.
El famoso movimiento contracultural de los 60: derechos civiles, feminismo de segunda ola, movimiento contra la guerra de Vietnam, liberación sexual, Black Power, etc. Al-Gharbi lo enmarca como otro episodio de élites y aspirantes a élite (estudiantes universitarios masificados por el boom post-II Guerra) usando el discurso de justicia social para desafiar el orden establecido y ganar posiciones.
Tercer Gran Despertar: finales de los 1980 y principios de los 1990.
La época de la “corrección política” (PC culture), el multiculturalismo en universidades, debates sobre discurso de odio, identidad y representación en medios/academia. Surge tras la expansión universitaria de los 80 y la crisis económica de finales de los 70–80, con otra ola de frustración entre graduados que no encuentran el estatus esperado.
Cuarto Gran Despertar: el actual, que se inicia en 2010–2011 y dura hasta 2020 o 2022, ahora ya estaríamos en el declive de este último gran despertar.
Comienza con Occupy Wall Street (2011), se intensifica enormemente a partir de 2014–2015 (protestas universitarias, #MeToo, BLM 2020, todo el tema DEI, la cultura de la cancelación, etc.). Al-Gharbi argumenta que ya está terminando (o terminó) desde 2022–2023 y luego con la llegada de Trump.
Pero ¿cuál es el origen de estos Grandes Despertares, por qué surgen? Musa explica que hay dos causas principales. La primera causa es la sobreproducción de élites o de aspirantes a élite y en esto coincide con Peter Turchin. Aparecen demasiados graduados universitarios (sobre todo en profesiones simbólicas como academia, medios, burocracia cultural, ONGs, etc.) compitiendo por un número limitado de puestos de estatus alto y bien remunerados. Esto genera frustración masiva entre los aspirante a élites que se sienten abandonados por el sistema. En teoría estos aspirantes a élite lo han hecho todo bien, han ido a una universidad de élite, han sacado sus títulos y sus masters y demás pero ven que no tienen un hueco en el sistema. Cuando no encuentran el estatus esperado, usan el discurso de justicia social como arma para desafiar a las élites establecidas y abrirse hueco (o al menos ganar capital simbólico interno).
La segunda causa es que haya una convergencia de manera que las cosas les vayan mal no sólo a los capitalistas simbólicos sino también a la gente normal. Si las cosas van mal sólo para los capitalista simbólicos o sólo para la gente normal no pasa nada. Si les va mal solo a los capitalistas simbólicos y se quejan están siendo egoístas y si les va a mal sólo a los pobres, los capitalistas simbólicos no hacen nada. Así que no basta con que exista una sobreproducción de élites, eso es necesario pero no suficiente. El segundo factor clave es que, en esos momentos, la frustración de la élite coincida con un periodo en que la vida ha empeorado para la gente corriente (desigualdad creciente, estancamiento económico, precariedad para las clases medias/bajas). Esto crea una especie de “colapso parcial de trayectorias” entre élites y no-élites, haciendo que el discurso woke/moralista resuene más y se pueda alinear temporalmente con causas “auténticas” de los marginados. Es decir, los capitalistas simbólicos pueden reivindicar su situación parecido que se son altruistas y se p preocupan por la gente normal. Sin esta segunda condición, la sobreproducción genera resentimiento, pero no necesariamente un despertar masivo y coordinado.
Como hemos dicho, según Musa, los aspirantes a élites usan la justicia social como una herramienta estratégica para avanzar sus intereses personales en contextos de sobreproducción de élites (demasiados graduados compitiendo por puestos de estatus limitado). Es decir, en lugar de buscar cambios reales para los marginados, emplean este discurso para ganar estatus interno. Acusan a las élites establecidas (dentro de su propia clase) de ser insuficientemente “progresistas” o “woke”, lo que les permite posicionarse como moralmente superiores y reclamar recursos, posiciones o influencia. También desplazan a competidores, usan señalamientos de “insensibilidad” o “privilegio” para deslegitimar y desplazar a rivales en instituciones (universidades, medios, corporaciones), abriendo oportunidades para sí mismos o sus aliados. En un mercado saturado, el activismo woke actúa como una “moneda” para diferenciarse, sin requerir acciones materiales costosas.
En definitiva, el wokismo o justicia social crítica (enfocada en identidad, opresión interseccional y deconstrucción de normas) juega un rol clave como arma de competencia intra-élite. No es un movimiento genuino de base, sino un mecanismo que amplifica la frustración de aspirantes a élite, les permite aliarse temporalmente con causas de los oprimidos para ganar legitimidad, pero termina priorizando batallas simbólicas (por ejemplo, lenguaje inclusivo, cancelaciones) que benefician su ascenso sin alterar desigualdades estructurales. Ocurre incluso, y es muy interesante, que los woke llegan a identificarse con los oprimidos y marginados y se consideran ellos mismos oprimidos y marginados y les encanta presentarse como víctimas. Al-Gharbi enfatiza que estos despertares no consiguen cambiar para nada la situación de los pobres o de la gente marginada y que incluso el balance global de estos despertares y de todo este wokismo es negativo para la gente normal.
¿Y cómo acaban los Grandes Despertares? Pues el fervor woke declina una vez que los frustrados se integran. Cuando el sistema consigue ir colocando este exceso de élites se suelen acabar los Grandes Despertares que, como curiosidad, tienden a durar unos 10 años, aunque alguno ha durado algo menos.
Conclusión
Como resumen muy general del libro concluiría con la siguiente explicación. Los capitalistas simbólicos estarían atrapados entre dos deseos. Por un lado tienen el deseo de ser igualitarios y de que la vida de los más desfavorecidos mejore pero, por otro lado, tiene el deseo de ser élites y de que sus hijos mantengan su estado elitista o incluso lo mejoren. Y ambas cosas son incompatibles. Y el deseo que tiene mayor prioridad es el de ser élites. Como dice en la charla del MIT: no se puede ser un escalador social igualitario, es una contradicción en los términos.
Musa denuncia que hay una contradicción entre lo que dicen y lo que hacen los woke o capitalistas simbólicos. Justifican sus grandes sueldos porque ellos trabajan para ayudar a la gente (profesores, periodistas, sanidad, etc.), es decir, se presentan como que son altruistas pero en realidad sólo se preocupan de ellos mismos. El estilo de vida de los capitalistas simbólicos mantiene el estado de cosas en la sociedad y ellos son los principales actores del sistema. Su estilo de vida así lo refleja y pongo algunos ejemplos.
Por ejemplo, algunos capitalistas simbólicos quieren eludir el bulto y decir que los que tienen el poder son los millonarios y billonarios y que el 1% de la población tiene el 26% de la riqueza. Pero ante esto Musa comenta dos cosas. Por un lado, los millonarios y billonarios no hacen nada por sí mismos: ¿quién contrata gente en sus empresas? ¿quién les lleva la contabilidad? ¿quién escribe todos los documentos, etc? Pues los capitalistas simbólicos…sin ellos los millonarios no pueden hacer las cosas. Por otro lado, es tremendo que el 1% de la población tenga el 26% de la riqueza pero aún así no se puede decir que los millonarios tenga la mayor parte de la riqueza. Si nos fijamos en el quintil superior, el 20% de la población tiene el 71% (dos tercios) de la riqueza y ¿quiénes son ese 20%? Pues las clases medias/altas de los capitalistas simbólicos. Es decir, los capitalistas simbólicos manejan más riqueza que el 1%.
Algún otro ejemplo. Muchos capitalistas simbólicos están casados con capitalistas simbólicos (por emparejamiento selectivo o assortative mating) es decir, que ese hogar tiene dos sueldos de 6 cifras cada uno (hablo de EEUU). Pero la pareja de capitalistas simbólicos trabaja y para cuidar a sus hijos o limpiar sus casas utilizan a otras mujeres pobres o inmigrantes y les pagan sueldos muy bajos. Otro caso: saben que las condiciones laborales de los transportistas y empresas de paquetería que trabajan para Amazon son muy duras y dejan mucho que desear, pero los woke hacen sus pedidos y se aprovechan del trabajo de esa gente pobre y no se preocupan demasiado por cambiar las cosas.
Un último ejemplo, un poco caricaturesco si se quiere pero creo que ilustrativo. Cuando Trump ganó en 2016 Musa estaba en Columbia y todos los estudiantes estaban consternados, llorando y pidiendo días de descanso para superar el trauma de la victoria de Trump. Mientras tanto, los jardineros, el personal de cafetería, de mantenimiento, etc., se levantó a la mañana siguiente y fueron a trabajar como todos los días y no pidieron días de adaptación al trauma ni tonterías por el estilo.
No sé si es una interpretación mía pero a lo largo del libro lo que me parece que hace Musa es defender a la clase trabajadora, a la gente pobre, tal vez porque como he contado al principio él ha sido cocinero antes que fraile. Les dice a la cara a los capitalistas simbólicos de una manera clara y contundente que son unos hipócritas (él mismo incluido). Un libro, y un autor, muy interesante. Habrá que seguir su trayectoria, ya está en camino su segundo libro.



Interesante el libro y tu comentario (como de costumbre), pero le encuentro algunas debilidades:
1 El concepto de “capitalista simbólico” es demasiado genérico y a la vez sarcástico. Cualquiera capaz de ganarse la vida con conocimientos intelectuales lo sería, pero eso incluye millones de empleos en la economía de servicios: clase media corriente -profesores, médicos, administradores, abogados, ingenieros etc-, no élites en ningún sentido; es más, según ese criterio la mitad de las sociedades avanzadas, o más, serían capitalistas simbólicos frustrados por no ser de las élites que mangonean. Noto un argumento muy de minoría afro de Estados Unidos... (un Malcolm X domesticado).
2 Utiliza el concepto “Gran despertar” de un modo tramposo. En la historia de las religiones, los “Great Awakening” comienzan en iglesias protestantes anglosajonas hacia 1750. El actual wokismo se considera el cuarto en Estados Unidos, y sí es una religión sustitutiva de la tradicional, con ala izquierdista (Universidad progre) y derechista (MAGA). No es una moda intelectual de diez años.
En todo caso gracias por la reseña y el libro, Pablo.
Segunda parte (y segunda rodaja del Salami).
Pero la raíz de fondo es otra. Todo esto funciona porque el apelar a la lógica, sentido común, a la razón, a los datos, a los hechos, al consenso, a la discusión, empezó a dejar de funcionar hace ya tiempo. Desde antes de que éstos llegasen al poder.
Al no funcionarles la lógica ni el discurso más razonable, empezaron a usar el discurso ético, para luchar con otras armas para hacerse así con el poder.
El ejemplo más claro sobre el que ya he escrito mucho, es el caso de las renovables. Que van a salvar el planeta, que hay que electrificar todo, etc. Este discurso lleva en pie desde 1972 a raíz del Limits To Growth del Club de Roma. Con esto quiero decir que todo esto no es nuevo ni de rebote.
Pero resulta que cualquier ingeniero con conocimientos, tiempo, dedicación, y algo de información, puede llegar a la conclusión que yo ya llegué en 2012 sobre los cochepilas, y en 2015 sobre la "transición energética": que eso no va a funcionar, que no es viable económicamente.
Llevo años avisando que las Renovables Eléctricas Intermitentes y Descontroladas iban a causar problemas, como el apagón del 28 de abril de 2025.
Estos problemas se han ido notando con el paso de los años. Ya en 2015 tuve varias conversaciones con mucha gente que tenían claro que teníamos el ecofascismo ya aquí, a razón de la Causa (TM) de "Salvar el Planeta") y tal.
Con el paso de los años, se ha notado cada vez más que las leyes, al menos en la UE, se basan en ideología y moralidad, pero no en razonamiento, ciencia (insisto, el asunto del apagón es mera ingeniería, y no soy el único que avisaba), conocimientos, realidad, efectividad de las medidas tomadas ni en el buen funcionamiento en general de esas ideologías.
La población está ya hasta los mismísimos de "hacer cosas por el Bien Común" y que todas esas cosas acaben mal, costando mucho dinero, empeorando la situación, sin ser funcionales, en muchos casos haciendo lo contrario a lo prometido, etc.
La percepción del engaño en base a "una Moralidad Superior", el supremacismo moral que tantos están utilizando y mangoneando para estar por encima de los demás (me viene a la mente la "Flotilla Egocentrista") ha llegado a su límite.
La moralidad ha hecho todo lo que podía llegar a hacer (empeorar las cosas), y el resultado es que todo esto está empujando a la población hacia otros pastos más verdes.
Esta otra rodaja del salami ha dejado cada vez más al descubierto que el problema sigue siendo viejo: un tema de poder, y que la "moralidad" es simplemente una excusa para asaltar a dicho poder.
Lo que está dando alas a las contra élites que tienen claro que "hay que hacer cosas" y que las "soluciones" (como las "renovables") no funcionan, y por tanto atacan precisamente por ese lado, el del sentido común y el de utilizar la razón. Cosa fácil: las elites se han encargado de echar fuera (alimentando las filas de las contraélites) a todos los más competentes y con mayor capacidad de sortear la realidad.
Así que ahora estamos en una guerra que han creado ellos mismos, y encima en una situación bastante peor.
De ahí que la contra élite (Trump, Putin, Xi) se están posicionando con el petróleo (porque tienen claro que las pilas no van a mover un F35, ni un Abrahams) y la nuclear, y para la guerra de recursos menguantes que los que tienen más sentido común y menos onanismo intelectual tienen claro.
Es decir, tenemos tiempos difíciles, o interesantes según los chinos.
Por todo ello, me temo que el libro es relativamente superficial (lo que no quita interés, eso de los ciclos de 10 años me recuerda a lo que yo llamo "El Ciclo de la Granja de Orwell"), y me parece más un intento de aproximación a un punto de vista muchísimo más realista por parte del autor, hacia unas posiciones que viven en su propio mundo paralelo idealizado... y que lo rechazará. Un mundo que no es ajeno al autor, por el que siente afinidad, y, creo yo, en el que aún reside parte de su mente. De ahí la superficialidad.
Por otra parte, como ingeniero electrónico... yo tiendo demasiado a ver el mundo a través de la Transformada de Fourier: todos son ciclos, y no pocos, precisamente. Así que creo que se centra en uno en particular (de forma no muy precisa, pero entusiasta y relativamente correcta) cuando hay muchos otros que se solapan.
De hecho, yo vengo del mundo del Peak Oil, que fracasó en buena medida precisamente por ver sólo la realidad física sin entender el resto de fuerzas sociales que actúan en todo esto.
Al respecto, recomiendo las dos últimas entradas de Aurelien, que ahondan en algunos aspectos que se tratan aquí, aunque sólo sea en el análisis de la situación actual (y dónde viene en la misma línea hablando que los Wokes de ahora son la evolución de las élites de hace medio siglo).
El más adecuado es justo el último (Nota: el autor Aurelien es francés, pero escribe en inglés, puesto que ha sido diplomático muchos años en ámbitos internacionales, ahora retirado, y sabe muy bien de lo que habla en estos sentidos).
https://mariajostormo.substack.com/p/mera-anarquia
Pero en realidad, ese artículo es la segunda parte, si bien la primera puede ser más adecuada, a mí me parece más floja:
https://mariajostormo.substack.com/p/la-politica-de-la-destruccion
Respecto al tema renovables, mi último artículo (del miércoles pasado) creo que viene algo al pelo:
https://beamspot.substack.com/p/el-huevo-la-gallina-y-los-pollos
Beamspot.