Manadas e Ideología woke
Estamos viviendo una serie de acontecimientos en las sociedades occidentales, como que las agresiones sexuales en grupo (en “manada”, según término que ya se ha popularizado) tienen una diferente valoración moral según quién las realice, que probablemente tenga confundidas a muchas personas. En esta entrada voy a intentar aportar mi granito de arena para la comprensión de lo que está ocurriendo. Este caso concreto de las manadas forma parte de un fenómeno más amplio que afecta también a otros países y a otros comportamientos. Pongo algunos ejemplos para que quede claro de qué estamos hablando.
Un primer ejemplo, que acabo de mencionar, es el de las agresiones sexuales en grupo. Este mes de octubre de 2025, durante las fiestas universitarias en Pamplona, una joven española fue víctima de una brutal violación en manada por parte de cuatro hombres de origen magrebí (tres argelinos y uno marroquí) en situación irregular, quienes la arrastraron a un asentamiento ilegal cercano, la agredieron sexualmente de forma extrema —dejándola semiinconsciente contra un árbol— y fueron detenidos e ingresados en prisión provisional sin fianza por riesgo de fuga, pese a que tres ya tenían órdenes de expulsión previas por delitos. Este caso ha generado un silencio ensordecedor por parte de la izquierda y colectivos feministas, con el alcalde Joseba Asirón (EH Bildu) pidiendo “prudencia y discreción” para no alimentar “pábulos” ni a la extrema derecha, sin manifestaciones masivas ni consignas como “hermana, yo sí te creo”. En contraste, la “Manada de Pamplona” de 2016 —donde cinco españoles violaron a una joven en Sanfermines— provocó una ola de indignación nacional, con miles de feministas saliendo a las calles en concentraciones multitudinarias, lemas virales contra la “justicia patriarcal”, cobertura mediática exhaustiva y cambios legislativos como la ley del “solo sí es sí”, mostrando todo esto un doble rasero ideológico que prioriza el relato antirracista sobre la defensa incondicional de las víctimas cuando los agresores son inmigrantes.
El 22 de agosto de 2025, Iryna Zarutska, una refugiada ucraniana de 23 años que había huido de la invasión rusa en 2022 y trabajaba en un restaurante de pizzas mientras estudiaba en la Rowan-Cabarrus Community College, fue brutalmente apuñalada en el cuello tres veces con una navaja plegable mientras viajaba sola en el tren, en Charlotte, Carolina del Norte. No hubo ninguna provocación para el ataque y el autor fue un hombre afroamericano de 34 años sin hogar, con antecedentes de 14 arrestos previos (incluyendo robo armado y allanamiento) y con problemas de salud mental diagnosticados. La cobertura mediática inicial fue limitada y mayoritariamente local, con un silencio notable en medios progresistas nacionales,como CNN, MSNBC o The New York Times, que publicaron breves actualizaciones solo después de que el estremecedor vídeo del acto se hiciera viral. La explicación parece ser que estos medios no querían alimentar una narrativa donde un hombre negro es agresor y no querían ser acusados de racistas.
Por último, entre finales de los 90 y principios de los 2010, miles de niñas y adolescentes vulnerables —principalmente blancas británicas de entornos de bajos ingresos y en cuidado social— fueron sistemáticamente explotadas sexualmente por bandas organizadas de hombres de origen paquistaní (grooming gangs) en ciudades industriales del norte y Midlands del Reino Unido, como Rotherham (donde se estima que 1.400 víctimas sufrieron abusos entre 1997 y 2013), Rochdale (donde un anillo de nueve hombres abusó de al menos 47 niñas desde 2008), Telford (más de 1.000 víctimas durante décadas), Oldham, Oxford, Bradford y Huddersfield. Los perpetradores, a menudo trabajando en taxis nocturnos o take-aways, usaban tácticas de “grooming” para ganarse la confianza de las víctimas con regalos, alcohol y drogas antes de someterlas a violaciones grupales, tráfico sexual a otras ciudades, amenazas con armas y palizas, dejando a muchas con traumas permanentes, embarazos forzados y adicciones. Las investigaciones posteriores, como el Informe Jay de 2014 sobre Rotherham y el de 2022 sobre Telford, revelaron que los abusos continuaron impunes durante años debido a un fallo institucional masivo: la policía y los servicios sociales ignoraron denuncias repetidas de víctimas —a menudo tachadas de “provocadoras” o “mentirosas” por su clase social y comportamiento—, mientras que consejos locales y fiscales evitaron actuar por temor a ser acusados de racismo, con oficiales admitiendo que “la ciudad estallaría” si se publicaba que hombres asiáticos eran los principales culpables.
Bien, ¿pueden estas conductas tan incoherentes moralmente, y que ocurren en diferentes países (España, EEUU, Reino Unido…) tener una explicación común? ¿Hay un hilo conductor entre todas ellas? ¿Por qué están ocurriendo este tipo de cosas? La causa, desde mi punto de vista, tiene que ver con la ideología y la moralidad asociada a la ideología woke. Vamos a verlo.
La jerarquía del victimismo
La jerarquía de victimismo es un concepto que resulta de algunos aspectos de la ideología woke pero me voy a referir a dos que serían la política de identidades y la interseccionalidad. Según este enfoque se pueden priorizar a unos grupos sobre otros en función de su percepción como “oprimidos”, creando una escala implícita de quién merece más atención, protección o empatía - en definitiva, estatus- en el discurso público.
La política de identidades es una forma de abordar los problemas sociales centrándose en las características grupales de las personas (raza, género, orientación sexual, religión, etc.) en lugar de en sus acciones individuales o en factores universales como la clase o el mérito. En este marco:
Las personas son juzgadas principalmente por el grupo al que pertenecen (por ejemplo, “mujer”, “negro”, “migrante”, “cishetero”).
Cada grupo se asocia con un nivel de opresión o privilegio. Por ejemplo, un hombre blanco cisgénero es visto como “privilegiado”, mientras que una mujer negra trans es considerada “oprimida” en múltiples ejes.
El objetivo de esta ideología es corregir desigualdades históricas, pero a veces lleva a asumir que la identidad determina la experiencia o la moralidad de una persona, en lugar de sus acciones.
La interseccionalidad es una teoría desarrollada por Kimberlé Crenshaw (1989) que analiza cómo diferentes formas de opresión (raza, género, clase, sexualidad) se cruzan y generan experiencias únicas de discriminación. Por ejemplo:
Una mujer negra no solo enfrenta sexismo (por ser mujer) o racismo (por ser negra), sino una combinación específica de ambos que no se reduce a la suma de las partes.
La interseccionalidad busca visibilizar a quienes están en la intersección de múltiples opresiones, que suelen ser los más marginados (por ejemplo, mujeres trans racializadas).
En su origen, era una herramienta analítica para entender la complejidad de la discriminación, pero en algunos contextos se ha transformado en una forma de asignar “puntos de opresión”, donde más ejes de marginalización otorgan mayor legitimidad moral o prioridad en el discurso.
La jerarquía de victimismo surge como una crítica a cómo la política de identidades y la interseccionalidad, en su aplicación más extrema, crean una escala implícita de quién es más “víctima” según su identidad grupal. En esta jerarquía:
Los grupos percibidos como más oprimidos (por ejemplo, minorías étnicas, personas trans, migrantes) ocupan los niveles superiores y reciben mayor protección discursiva.
Los grupos considerados menos oprimidos o “privilegiados” (por ejemplo, hombres blancos cishetero) están en la base y son vistos como los “opresores”.
Cuando hay un conflicto entre grupos, se tiende a favorecer al que está más alto en la jerarquía, incluso si sus acciones son cuestionables.
¿Cómo funciona esta jerarquia? Pues por un lado, como decía, se asigna un estatus a cada grupo. Cada grupo tiene un “nivel de opresión” basado en su identidad. Por ejemplo, un migrante magrebí puede ser visto como más oprimido que una mujer blanca, que a su vez está por encima de un hombre blanco. Este estatus otorga una prioridad en caso de conflicto. Si una mujer denuncia una agresión cometida por un migrante, algunos sectores pueden evitar condenar al agresor por miedo a ser acusados de racismo, ya que el migrante está más arriba en la jerarquía. Al final se produce un silencio selectivo como no condenar una violación si el agresor pertenece a un grupo “protegido”, mientras se condena rápidamente si el agresor es de un grupo “privilegiado”. ¿Y por qué es víctima un magrebí? Pues, según la ideología woke, porque los musulmanes han sido oprimidos por el colonialismo blanco y por tanto están arriba en la jerarquía. Así que muy resumidas las categorías de la jerarquía del victimismo:
Cima: Personas trans, minorías étnicas (por ejemplo, magrebíes), migrantes, discapacitados.
Medio: Mujeres, homosexuales, minorías religiosas.
Base: Hombres blancos cishetero. En un conflicto, el grupo más alto tiende a recibir más defensa o empatía, incluso si su conducta es problemática.
Opresores y Oprimidos
Hay que tener en cuenta que, de forma muy resumida, la ideología woke divide el mundo en opresores y oprimidos y, según la teoría diádica de la moral, de la que ya hemos hablado aquí muchas veces, se produce un encasillamiento moral de manera que un opresor no puede hacer ninguna cosa buena ni ser víctima nunca, mientras que un oprimido no puedes hacer ninguna cosa mala ni ser victimario o perpetrador de un acto inmoral de ninguna manera. Eric Kaufmann define el wokismo como una ideología cultural que santifica o sacraliza la raza y la identidad de minorías, imponiendo un régimen emocional que sacraliza a ciertos grupos (minorías étnicas, de género, etc.) y demoniza a los mayoritarios (blancos, hombres, etc.). Lo llama “cultural socialism” o “socialismo cultural”, una forma de prejuicio positivo hacia las minorías y prejuicio negativo hacia las mayorías, que surge de un “reflejo emocional” donde las minorías se ven como “buenas” y las mayorías como malas y “amenazantes”.
Es importante señalar en concreto la sacralización de la raza/identidad: La raza se trata como un tabú sagrado, similar a una religión, donde cuestionarla es blasfemia. No es solo justicia social, sino una revolución cultural que prioriza la “experiencia vivida” de oprimidos sobre datos o razonamiento abstracto. El wokismo es la religión secular de la izquierda moderna, donde la identidad de minorías es sagrada y la crítica es herejía.
Visto todo esto, y comprendiendo que la ideología woke se ha convertido en la corriente dominante en educación, medios y élites, podemos entender por qué surgen estos fenómenos. En esencia, asistimos a un choque entre el liberalismo democrático en sentido filosófico —es decir, el principio clásico de juzgar a las personas por su carácter individual y no por su pertenencia grupal, como defendía Martin Luther King Jr. con su sueño de una sociedad ciega al color de la piel— y la nueva ideología woke, que es antiliberal en su esencia: juzga, clasifica y trata a los individuos según el grupo identitario al que se les adscribe (raza, género, orientación). Esta última, arraigada en una parte de la izquierda contemporánea, ha desplazado en muchos espacios al universalismo liberal tradicional.
Personalmente, yo defiendo el liberalismo procedente de la Ilustración. Considero que juzgar un acto (una agresión sexual, un asesinato…) no es juzgar la identidad de una persona y que violar está mal moralmente (es un daño intencionado no justificado) lo haga quien lo haga. Considero que es mejor seguir separando identidad y comportamientos, como veníamos haciendo previamente y considero que no es racista ni sexista condenar actos inmorales cuando los realizan personas de raza negra o mujeres. Tenemos que separar las conductas o comportamientos, en definitiva los actos que realizan las personas, de su identidad. Simplemente es ser coherentes. Sin embargo, a muchas otras personas les parece mejor, y un progreso moral, la nueva ideología y moral de la izquierda woke. Veremos qué ocurre y qué rumbo toma la sociedad en el futuro.


Tu artículo es extremo contra el wokismo. Lo destroza y lo juzga con la misma vara que también acusas sus propias atrocidades…
No me considero para nada una persona woke y mucho menos cuando en nombre de la defensa humana se llega a un extremos ridículo!
Yo condeno cualquier tipo de agresión sin mirar color, etnia, género o preferencia sexual.
Sin embargo, hay que mirar las estadísticas actuales de cada uno de estos países aquí nombrados y así poder comparar:
-Aún son víctimas en mayor escala las mujeres?
-Las personas de color?
-Los homosexuales?
-Las personas trans?
-Los migrantes que no son delincuentes?
La respuesta es SI!
Y ese es el criterio que debe prevalecer….
Soy particularmente feminista de la vieja ola e intento separar lo que son las teorías de género que se originaron en la década de 1960, con el propósito de diferenciar las construcciones sociales de la identidad y el comportamiento del sexo biológico.
Esto fue posteriormente adoptada y desarrollada por el feminismo en los años 70, utilizándola como una potente herramienta analítica para cuestionar las ideas sexistas en las ciencias sociales y visibilizar las desigualdades…
Hasta ahí todo estaba bien!
Posteriormente se tomaron estas teorías para tratar de normalizar la transexualidad y la cultura QUEER y todo lo que no encaja en las ideas tradicionales.
Sin embargo, miles de mujeres son discriminadas, abusadas y maltratadas en el mundo…
Miles de homosexuales son agredidos y asesinados en el mundo….
Miles de discapacitados viven sin el mínimo apoyo social ni de sus gobiernos…
Millones de refugiados salen de sus lugares de origen buscando oportunidades…
Estas son las cifras que debemos tomar en cuenta y mejor tratar de encontrar soluciones a la desigualdad y al abuso.
Manada de españoles = salvajes, manada de inmigrantes = pobrecitos. La izquierda, calladita. Y luego se asombran del auge de ciertos movimientos… En fin, como siempre digo y no me canso de repetir, el wokismo, la lacra del siglo XXI.